Hoy en día, en cualquier parte del mundo, aquellas personas con discapacidades físicas y/o mentales, son discriminadas radicalmente, y en la mayoría de los casos les resulta imposible conseguir un trabajo digno para poder subsistir.

En el 2000, una nueva esperanza surgía para las personas que poseían discapacidades físicas, ya que el teletrabajo comenzaba a hacer furor en países del tercer mundo.

Claro, que lo bueno del teletrabajo es que si eres eficaz y capaz de cumplir con la tarea encomendada, no importa si tienes alguna enfermedad, si eres discapacitado, si eres un ser humano, un mono, o un extraterrestre. La única discapacidad que reducirá tus posibilidades de conseguir un trabajo desde casa, es la ceguera, algún problema psicológico o mental, o un problema motriz que te impida mover los brazos.

La discapacidad de una persona depende ampliamente del contexto y de la tarea que deba realizar. Si has sufrido un accidente que te impide caminar temporal o crónicamente, eso no te impedirá EN ABSOLUTO estar sentado trabajando frente a tu ordenador. Por lo tanto, en esto del teletrabajo, la discapacidad es mucho menor.

Tanto un discapacitado, como una persona que no posee discapacidad, podrían trabajar al mismo nivel de rendimiento, y seguramente hasta por el mismo sueldo, eso si, siempre y cuando pueda llevar a cabo el trabajo.

Una de las principales ventajas que obtendrá un discapacitado trabajando desde casa, es independencia económica. Podrá disponer de su sueldo íntegramente y no depender de su familia, para poder darse los gustos que deseé.

Tendrá un mayor autoestima y confianza en sí mismo, ya que se sentirá mucho más útil, aprovechando su tiempo libre, produciendo dinero con sus propias manos.
Esta sea quizás la ventaja más importante, ya que la persona se sentirá mucho más eficaz, mas productiva y más activa en su vida, y no caerá en pozos depresivos con tanta frecuencia.